Llevan meses en el paro, no encuentran
ningún trabajo y han agotado sus prestaciones sociales. Ante esta
situación surgió la idea. Poner en marcha una cooperativa agraria y de
servicios que les permita autoabastecerse y generar los ingresos
necesarios para mantenerse.
El trabajo ya está en marcha. Un huerto cedido por un particular en La
Carrera, Pola de Siero, sirve para que el grupo de parados que se unió a
raíz de las concentraciones del grupo de indignados en Gijón empiece a
moverse en el campo. “La verdad es que somos todos bastante urbanitas”,
comenta entre risas Marta Blázquez, una de las artífices, “y estamos
aprendiendo mucho”. De momento, todavía no ha llegado el tiempo de
recoger. Alrededor de seis personas empezaron a trabajar la tierra en
enero, y tienen plantados ajos, acelgas, cebolletas o frambuesas. Pronto
llegará la temporada de las patatas y comprarán unas gallinas. Así,
hasta que el grupo pueda alimentarse con su propia producción.
El proyecto tiene visión de futuro, y
cerca espera un huerto cinco veces mayor, cedido por el mismo
propietario, en el que empezarán a trabajar cuando éste se quede
pequeño. “Tenemos que esperar, necesitaríamos una pequeña inversión y
maquinaria, algo que de momento no es posible”, reconoce Marta Blázquez.
Ella, además, se instalará allí. Dejó su
piso la pasada semana “porque no lo puedo pagar”. La cooperativa por el
momento no está constituida legalmente, “porque es para consumo”. Marta
reconoce que no le apetece “colaborar” con el sistema. “Es la primera
vez que necesito su ayuda y me dan la espalda”, comenta indignada. Y es
que después de 19 años trabajando lleva poco más de uno en paro y ya no
cobra ninguna prestación económica desde julio. “Los ahorros de una
mileurista no llegan más lejos”. Esta asturiana es diseñadora de moda,
pasión “de la que nunca conseguí vivir” y que compaginaba con trabajos
en la hostelería y como ayudante de producción. “Cuando cumplí un año en
el paro dejé de buscar trabajo”, y empezó a pensar en otras
alternativas más eficaces y satisfactorias. “Busco la autosuficiencia”,
comenta muy segura de sí misma, “no quiero depender otra vez de que
alguien me contrate”.
Taller de artesanía Mientras el huerto
da sus frutos, el grupo sigue trabajando. Cada uno aporta lo que sabe,
enseña al resto y crean sus propios productos. El cuero y el azabache
son algunas de sus materias primas. Trabajan la confección textil y
están buscando puntos de venta para dar a conocer sus diseños. Iván
Martínez es “el profesor” de marroquinería. Antes de quedarse sin un
empleo ya trabaja el cuero, y ahora lo hace junto a sus compañeros para
conseguir una nueva fuente de ingresos. “Ya tenemos un punto de venta de
collares para perros en Luarca”, explica, y a través del boca a boca y
de las redes sociales han conseguido algún encargo.
Iván vuelca su energía en este proyecto,
porque buscar trabajo ya lo dio por “imposible”. De hecho, la opción de
poner en marcha la cooperativa, de luchar por la autosuficiencia y de
vivir la vida acorde a su ideología es lo único que le hizo quedarse en
Asturias. “Ya me había planteado irme de España a buscarme la vida
cuando apareció esto”. Una vez descartada “la opción currículum”, se
toma el proyecto muy en serio, porque cree que puede salir adelante.
Antes Iván estuvo en el paro, y antes
trabajó en la hostelería, como repartidor, adiestrador canino... Aunque
su principal empleo fue en los astilleros de Gijón: “Trabajaba 12 horas
al día, y yo no quiero esa vida”. Por eso no le importa decir que dejó
su trabajo, “porque no era coherente con mi forma de pensar”. Su familia
al principio no lo entendía, pero respetan su manera de ver la vida. Y
es que antes de trabajar a cualquier precio, Iván prefiere buscarse la
vida por su cuenta. Eso, exactamente, es lo que está haciendo junto a
sus compañeros.
Autosuficiencia Su proyecto les sigue ilusionando. “Hay días en que creo
que otro mundo es posible”, reconoce sonriente Marta, aunque otra veces
“me da vértigo”. En el fondo “fui educada en este sistema, y hay veces
que es difícil” enfrentarse a él. En el entorno de este grupo de parados
que buscan un plan de vida alternativo hay de todo. “Algunos nos
apoyan, saben que esto es lo que queremos, otros creen que es una locura
y una utopía”. A ellos de momento les vale saber que están viviendo la
vida que quieren y no la que les toca y solo esperan que cada vez se una
más gente a su proyecto que tiene un final muy ambicioso: “Llegar a
lograr la autosuficiencia, encontrar un pueblo abandonado en el que nos
podamos instalar, restaurarlo y hacerlo nuestros hogar”.
“Sabemos que esto es un plan a medio y
largo plazo”, reconocen, pero ya están trabajando cada día para sacarlo
adelante. Hablaron con varios ayuntamientos buscando un pueblo
abandonado que les puedan ceder, se movilizaron a través de internet
hablando con organizaciones que trabajan con el tema y contactaron con
particulares con inmuebles en algún pueblo.
“El objetivo final es unir en un mismo
sitio el huerto, la residencia y los talleres”, concreta Rubén Queipo,
otro de los integrantes del grupo. Rubén está viviendo con su madre,
“que me mantiene”, porque él, después de 10 años trabajando como
autónomo y de llevar dos años en paro no tiene ningún ingreso. “Según
está la situación, hay que buscar una solución por nuestra cuenta”,
explica para justificar el motivo por el que se unió al proyecto.
El problema no afecta solo en esta
generación, sino que después de “todo lo que lucharon nuestros padres y
abuelos para conseguir más derechos laborales, lo estamos tirando por
tierra y cruzándonos de brazos”, lamenta.
Sector servicios El proyecto de
cooperativa que tienen en marcha incluye también un grupo de trabajo en
el sector servicios. Miguel García es uno de los albañiles que forma
parte de la nueva plantilla, junto a un electricista, un fontanero y un
encofrador que están al paro.
La idea surgió “para hacer frente a las
empresas que trabajan 24 horas estafando a sus clientes”, explica
Miguel. Para evitar que esas compañías “se aprovechen” de la gente,
ponen en marcha este grupo, en proceso de constitución legal, que
llevará a cabo todo tipo de servicios. Desde reparaciones hasta
limpiezas y si la cosa sigue adelante, se plantean incluir, por ejemplo,
la ayuda a domicilio. “No lo haremos gratis, pero sí por un precio
asequible y coherente con los tiempos que corren”. De momento ya les
salió su primer trabajo, cambiar el suelo de una vivienda.
“No pretendemos hacerles la competencia a
los trabajadores del sector”, puntualiza”, sino “a las empresas que estafan a sus clientes” con tarifas que ellos consideran “abusivas”.
Aún están empezando, pero al menos ellos sí que tienen un plan b para hacer frente a la crisis.
La Voz de Asturias