viernes, 25 de mayo de 2012

Para todxs lxs que todavía creen que la violencia revolucionaria es desproporcionada

Recibo en el correo electrónico el siguiente vídeo. En él, se recoge el audio de una llamada que el programa ABC Radio recibió de una mujer, Rosario, cuyo marido se había suicidado días antes, desesperado por sus problemas económicos derivados de la supuesta crisis que el poder utiliza para justificar unas medidas que no buscan otra cosa que retrasar lo que a este paso se muestra cada vez más como inevitable, es decir, el colapso de este puto mundo.


 
Ojo, no pretendo defender aquí a los medios burgueses que, como éste, fingen preocupación y lástima por la oyente que había llamado pero que continúan manipulando la información e imponiendo una realidad que sólo obedece a los intereses de las élites que nos ahogan y matan, a los intereses de quienes han conducido al suicidio a este hombre, y a tantxs otrxs, y que día a día siguen cometiendo atrocidades sin nombre que ocultan con eufemismos tan patéticos como "Recortes sociales", "Expediente de Regulación de Empleo", "Paquete de austeridad", "Medida anti-crisis" y otros que todxs conocemos. Sois mercenarixs, traficáis con la información y ponéis precio a la verdad. ¡Buitres!.

A todas las personas que todavía van por ahí charlataneando como hipócritas sacerdotisas del evangelio de la paz social, diciendo que lxs anarquistas son violentxs, terroristas o radicales... situaciones como la que vive la persona de la llamada sí que son violencia, y el resto se llama auto-defensa. Cuando vuestros padres, o hijxs también salten de un quinto piso, o se ahorquen en su habitación, o se tajen las venas en la bañera, o se inflen a pastillas y les encontréis en plena sobredosis, entonces lloraréis como la mujer de la llamada, pero será tarde. Ellxs estarán muertxs y vosotrxs seguiréis en la ruina, y las lágrimas, igual que el dinero, no se comen.

Aún podemos hacer algo.
Piensa, auto-organízate y actúa, si es que todavía te queda algo de dignidad y humanidad en ese interior machacado por la publicidad, la frustración, la rutina y los sueños rotos.